MAV Jorge Tadeo



Al ver en conjunto la obra de Lucas Posada, se coloca uno al frente de la historia del arte moderno. Ahí está el supramisto, el cubismo, el expresionismo, el puntillismo, pero, sobre todo, resalta la referencia al inicio de toda esta revolución de las formas que significan la modernidad visual, el impresionismo . El trazo matérico, la confusión de los colores, la reverencia a la luz, la temporalidad de sus figuras, son cualidades que aprendió de sus animados antecesores. Pero también aparece en su obra el fin de los ‘ismos’ con algunos rasgos posmodernos y en el rapto, encantador por cierto, que hace de artistas con obra concreta como el “Grito” de Edvard Munch o a los ambientes cerrados y distorsionados de Van Goth. Y aún así, caminando por su densa y variada producción desde las claves dichas, no he logrado deducir si la obra de Lucas corresponde a la de un artista angustiado exigido a hacer formas para librar su espíritu de alguna penuria existencial o, al contrario, se trata de un elegante artista, constructor de variadas formas, creador de sorpresivas imágenes. Creo que resume ambos lados. Un creador sensible, contemporáneo por lo ecléctico y experimentador, que se nutre de la historia del arte y, a su vez, posee un estilo formal recio, que nos vuelve a poner en primer lugar , en estos días de penuria pictórica, la obra como obra, la pintura como pintura. Le reconocemos la entrega apasionada a su trabajo y que nos permita volver a creer en al arte desde sus mismas materialidades

Armando Silva